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La Sombra del Sol en los Signos De Pepe Valero
ARIES - TAURO - GEMINIS - CANCER - LEO - VIRGO LIBRA - ESCORPIO - SAGITARIO - CAPRICORNIO - ACUARIO - PISCIS
Aprender quietud y reposo para valorar sus propias limitaciones y temores es algo que Aries necesita aunque antes tiene que aprender a desmontar el más seductor de sus juegos: su narcisismo juvenil y espontáneo al que tanto cuesta madurar y con el que tan autoindulgente es él. Por lo tanto, la temeridad, la acción irreflexiva, la reacción agresiva hacia los otros cuando le hieren en su narcisismo, estos temas suelen ser parte esencial de la característica de Aries.
De esta manera los bloqueos caracteriológicos de Tauro tienen que ver con su tendencia natural de fijar y contener procesos emocionales relacionados con la agresividad y la autopreservación. Cuando esta energía exige -en sus distintas manifestaciones- ser expresada sin paliativos hacia el mundo, Tauro se embota y sufre de resentimiento -ira y rabia contenidas- descargado con sus cíclicos ataques de violencia; sufre de posesividad y codicia -ambición frustrada-; sufre de celos -deseo inadecuadamente expresado- y sufre, en suma, de autoagresividad lo que a menudo trata de contener con mecanismos de obsesivo control dirigidos tanto hacia el mundo y lo demás como hacia su propia emocionalidad interna. A Tauro, sin duda, le cuesta muchísimo pedir ayuda desde su necesidad, desde su carencia. Pero esa es su tarea consigo mismo.
Descubrir la parte falsa de su seducción -la que le entretiene de su propia desubicación- y recuperar el sentido global de sus acciones, en base a una ética superior -Sagitario- es el trabajo más difícil para Géminis que deberá aprender cómo a veces la vida es aburrida y apenas pasa nada que haya que codificar. Géminis necesita poner a descansar sus reflejos mentales de concursante que todo lo sabe para así disfrutar del silencio y ternura de su corazón. Antes o después se dará cuenta de cómo tapa ese silencio con su discurso mental, con su dialéctica de pin-pon que le impide escuchar las demandas de su alma.
Con Cáncer hay que trabajar a tope sus introyecciones, sobre todo aquellas que tienen que ver con la nutrición emocional de su etapa lunar y ayudarle a darse cuenta de su tendencia a percibir la realidad presente mediante el filtro de su emocionalidad pasada, permanentemente actualizada por un culto sublimado del recuerdo afectivo, de la memoria de lo carencial. Podría decirse que la hipersensibilidad y desconfianza de Cáncer se nutre de su dificultad para entregarse a lo que está pasando sin filtrarlo inevitablemente por el recuerdo emocional permanentemente presente. En el fondo todo el trabajo terapéutico de Cáncer busca hallar su sitio personal frente a la madre o frente al padre si este fue la fuente significativa de alimento emocional. Cuando Cáncer tiene este tema cerrado cambia absolutamente su relación con la realidad.
Suelen necesitar situaciones críticas muy fuertes para recoger su propia limitación y responsabilidad pues Leo es maestro en el arte de proyectar sobre el mundo -lo demás y los demás- las razones de su tropiezo. Incluso cuando entra en el dolor o en la depresión Leo tiende a ser el más dolido o deprimido por la necesidad de este arquetipo solar de ser el protagonista incluso en su oscurecimiento doliente. El punto ciego esencial de este signo -como en los otros de fuego- es su dificultad para quedarse quieto, en contacto con sus vacíos. Siempre suele haber un exceso en la acción o en la quietud que impide a Leo la autocontemplación consciente. Leo se siente a sí mismo como centro de atención de los demás -sobre todo de los suyos- ya sea en el despliegue activo o en el repliegue pasivo de su ego. El proceso de sanción terapéutica de Leo es de los más complicados y a veces necesita pasar por la depresión profunda o por la somatización severa. Un buen susto a menudo es la única manera de parar el hipnotizador autoengaño. Reconocer y aceptar sus propias limitaciones es lo mejor -y lo más difícil- que puede sucederle a Leo. Esto tranquiliza su corazón y lo hace más presente, más de verdad en su vida cotidiana, sin necesidad de juegos histriónicos que le falsean.
El foco más neurótico le nace a Virgo de su propio centramiento en lo mental que le lleva a codificar su realidad vivencial en función de ser útil para el entorno con el que se relaciona, tanto profesional como emocionalmente. Cuando el sentimiento irracional o instintivo inunda los agudos mapas vivenciales de Virgo este se bloquea en el mecanismo neurótico de la Retroflexión y se traga su emoción, sus necesidades nutricias, a menudo desde una actitud de estoica resignación activa y ocurrente. Ponerse al alcance del sentimiento puro y duro lleva a Virgo a tocar su necesidad insatisfecha y la dificultad que tiene para pedir desde el miedo a no merecer. La rabia por la carencia afectiva Virgo la deriva en solitaria resignación y dolor estomacal para su asimilación. En terapia Virgo ha de bajar a su propio deshabitamiento emocional y desde ahí ponerse en paz con su propia necesidad infantil. Para ello ha de parar su radar intelectivo tan orientado hacia la comprensión mental y dejarse estar en el silencio de su soledad, no para resignarse -como suele sucederle- sino para percibirse en su totalidad -polaridad Piscis. Admitir la torpeza del intelecto que suele acompañar este descubrimiento holístico. Sin embargo, con este conocimiento de sí mismo puede llevar adelante, con mayor felicidad, su útil destino solidario entre quienes le necesitan cotidianamente.
La irritación que Libra puede producir -en quienes asesora- nace de su tenaz negativa a admitir la herida bajo la venda que, previsoramente, coloca encima. A Libra le cuesta ver la coherencia implícita en manifestar rabia y agresividad contra aquello que consciente o inconscientemente nos ha herido. Quiere tapar el dolor de las heridas con la venda del Inconsciente que parece ser el responsable impune de muchas situaciones. Sin embargo, también somos responsables de semejante Inconsciente cruel al que la impunidad -esa imagen de saco oscuro e irremediable que le damos- tan sólo ayuda a que engorde para estallar con mayor violencia posteriormente. Cuanto más se soslayan los trabajos de conciencia de nuestro Marte asertivo más nos ponemos al alcance de los terremotos de Plutón. Aprender la lección de Marte, su uso acertado, es esencial para todas nuestras relaciones. El peligro de somatización y rigidez corporal está detrás de la evasión venusiana de Libra. El trabajo consciente para defender el propio sitio, ante la invasión ajena, puede dar a Libra una buena senda para aprender a decidir desde sus necesidades.
El problema de esta aceptación es topar, en ese reencuentro, con el lote completo de la sensibilidad escorpiana donde se esconden los viejos resentimientos y venganzas contenidas -tempranamente empaquetadas- junto con su sentido profundo de la entrega y la compasión. Sin embargo, suelen ser esas viejas deudas -que tanto han afinado su estrategia emocional para la autopreservación- las que de vez en cuando conducen a Escorpio al infierno plutoniano de la violencia destructiva y autodestructiva. La mala fama de vengativo y duro Escorpio se la gana mostrando su impulso de sacar de vez en cuando, todo eso negativo que lleva dentro. Necesita expulsarlos para limpiar su corazón amoroso de los viejos rencores oxidados. Escorpio es un signo auténtico y visceral al que la adulación no le llega pero es también el signo más exigente y autoexigente, el juez más terrible al que sólo la compasión da descanso. Y este es su problema mal leído.
Descubre su temor al dolor, al sufrimiento, a la soledad cuando ya no le quedan creencias que perseguir para tranquilizarse o lugares y personas donde escaparse; es entonces cuando entra en crisis, a menudo crueles y destructivas si no están contenidas por un disciplinado trabajo de conciencia personal. Es muy duro el aterrizaje -casi siempre forzoso- de Sagitario en la realidad cotidiana de sus dudas, de sus miedos vivenciales. Pero es cierto que tiene suerte aunque le cuesta mucho tiempo y silencio aprender a aprovecharla. Precisamente esta sensación de suerte en los problemas, en los callejones sin salida, que a menudo siente Sagitario, puede aumentar su desesperación en momentos de crisis profundas -donde el camino se pierde en la noche y hay que aprender a esperar el nuevo día-, llevándole a buscar mágicos atajos por los que escapar de su verdadera dificultad: permanecer en el presente doloroso y desesperanzado hasta atravesarlo con paciencia y susto.
Emocionalmente Capricornio depende de su energía polar, Cáncer, y en cierta manera es verdad el tópico de su frialdad calculadora pero ni siquiera Capricornio puede vivir sin el calor del amor, de la ternura. Es esa dependencia que siente de la energía Cáncer, para sentirse emocionalmente vivo, la que le lleva al más terrible de sus vacíos: el miedo al abandono. Sentirse emocionalmente abandonado lleva a Capricornio al ártico feroz de su soledad y al frío absurdo de los frutos materiales y profesionales no compartidos. Atravesar ese miedo al abandono pidiendo la nutrición emocional que necesita, luchando por ella, es la tarea más difícil de Capricornio que muchas veces compra, controla o estratégicamente abandona el corazón de quién le da ternura, quedando atrapado en ese Saturno terrible.
El individualismo perfeccionista de Acuario le da un gran elemento de evolución, de cambio y mejora, pero le niega la ternura para aceptar compasivamente lo que hay, disfrutando de ello sin expectativas idealizadas que enturbien la experiencia de la realidad. Es una contradicción muy arraigada en los Acuario aquella por la cual defienden los valores humanistas más progresistas con su cabeza y a la vez se muestran fríos y poco humanos, en lo más humano, en el corazón. Ver su Saturno es la tarea que más cuesta a Urano pero no hay otro modo de tener libertad que hacernos responsables de ella limitándola en el respeto a la libertad de los otros, incluso si eligen seguir presos en la cárcel saturnina de su realidad.
Una vez que Piscis entiende esto le importa menos cristalizar su Ego social alrededor del mundo de la política, de la religión, de los desheredados o de la propia familia. La paz interior de Piscis está en aliviar las heridas de las guerras egoicas de esta cultura competitiva y cruel, aceptando esa realidad compasivamente. Cuando Piscis entiende esto desde su más profunda soledad, con ayuda terapéutica o sin ella, algo se encaja para siempre en el corazón de este signo.
Extraído de P.Valero |